Donde nadie llega, llega un emprendedor social

Se puede esperar o se puede hacer. Se puede observar o se puede actuar. Puedes quejarte o puedes ponerte manos a la obra. Esta es la actitud de los emprendedores sociales. Aquellos para los que no hay reto difícil ni misión imposible.

En un entorno cada vez más complejo, en muchas ocasiones hay problemas evidentes a los que no llegan los gobiernos o las empresas. Es en estas situaciones donde surgen los emprendedores sociales. Personas que no solo tienen la sensibilidad de detectar una carencia del sistema. También poseen la imaginación para crear soluciones, la valentía para llevarlas adelante y la fuerza para buscar financiación o ayuda técnica.

En múltiples aspectos que van desde la infancia a los mayores, de la ecología al suministro de agua a comunidades aisladas. De la asistencia a refugiados a la ayuda a familias desfavorecidas dentro del mismo país.  Cada vez es más frecuente encontrar a personas que, desde la individualidad y el anonimato, afrontan cada cuestión con el firme convencimiento de aportar todo lo que esté en su mano para paliarlo o solucionarlo.

Personas normales, pero auténticos superhéroes. Como Teresa Ferreiro que lo dejó todo para fundar Baby Beatles. Desde su experiencia en primera persona, creó una asociación que ayuda a ser madres a mujeres que han padecido cáncer de mama.

Como Diego, Chechu, Coke y Edu, cuatro amigos que cambiaron sus coches de alta gama por una furgoneta. Con ella han recorrido 6.000 km en Sudamérica llevando filtros para que 11.000 personas puedan tener acceso a agua potable.

O Eleonora Barone, una italiana radicada en Madrid que decidió que los mayores tienen mucho que enseñar. Y con esa idea creó mYmO, una organización que promueve el diálogo intergeneracional. Para que los más jóvenes puedan aprovecharse de la experiencia de los mayores. Y toda la sociedad se beneficie de ello.

Porque ese es siempre el objetivo de los emprendedores sociales. Actuar localmente para que la respuesta sea global. Poner un grano de arena que poco a poco se convierta en una montaña. Mejorar la situación de unos pocos para remover la conciencia de todos. Desde una actitud visionaria pero tremendamente pragmática. Comprendiendo que todos las grandes transformaciones empiezan siempre por uno mismo.

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